Nuestra legislación contempla uno de los procedimientos más utilizados para reclamar deudas, el llamado procedimiento monitorio. Cuando un cliente escucha hablar de este tipo de procedimientos sólo oír el nombre, se atraganta. “Monitorio” es una palabra derivada del latín y significa que “sirve para avisar o amonestar”, “monición o advertencia que se hace a alguien”. Precisamente es lo que hace el proceso monitorio, se requiere al deudor para que pague voluntariamente en el plazo concedido a tal efecto, o se oponga a la reclamación dineraria presentada por el demandante ante el juzgado, con la advertencia de que si no atiende dicho aviso, se procederá al embargo. Desde luego a pesar de lo extraño que pueda sonar “monitorio”, queda mejor decir proceso monitorio que proceso para avisar, o amonestar.

El proceso monitorio se caracteriza por ser una vía rápida y menos compleja para reclamar deudas en comparación con otros procesos. Se inicia mediante demanda o escrito sencillo, presentado ante el juzgado. Admitida ésta por el juzgado, éste enviará al deudor un aviso de que si no paga o se opone en 20 días (sin contar fines de semana, ni festivos), se procederá a cerrar el monitorio y se abre fase para poder solicitar el embargo de sus bienes. Ello permite que, por lo general, se obtenga el cobro de la deuda de una forma más rápida, resultando así más beneficioso para el que reclama. Sólo en caso de que el deudor se oponga, se abre fase de juicio, que será verbal u ordinario, dependiendo de la cuantía que se reclame (ver explicación en la guía).

Respecto a este tipo de procesos, me he preguntado qué dirán los datos estadísticos sobre su uso y eficacia. Pues bien, los datos más recientes según el CGPJ (Consejo General del Poder Judicial, enlace a los datos), nos dicen que en el año 2014 se resolvieron más de 600 mil procesos monitorios (ello significa que finalizaron porque se obtuvo la cantidad reclamada). Sólo el 8,4 % de los procesos terminó en fase de juicio verbal u ordinario. En un 42 % de los procedimientos el demandado ni se opuso y ni pagó tras el aviso inicial de pago realizado por el juzgado, por lo que se acudió directamente a la fase de ejecución (embargo de bienes del deudor).

Tras observar dichos datos, se puede concluir que efectivamente el proceso monitorio es más ventajoso, rápido y efectivo para reclamar deudas dinerarias, que otros procedimientos judiciales, por lo que resulta a su vez más beneficioso para el que reclame dicha deuda. Por mi experiencia profesional, puedo afirmar que en general estos datos estadísticos se cumplen, en contra de lo que opinan algunos profesionales del derecho, que acuden a otro tipo de procedimientos judiciales para reclamar deudas.

Ahora bien, iniciar un proceso judicial, por lo general, se trate del procedimiento de que se trate, hace que le surjan al cliente multitud de dudas e interrogantes. El lógico desconocimiento del proceso en cuestión por su parte, y el empleo de excesivos términos técnico-jurídicos por el profesional, en la mayoría de los casos provoca en el cliente un aumento de su posible nerviosismo y de su preocupación al enfrentarse a este tipo se situaciones.

Como consecuencia, he elaborado esta breve guía enfocada a clientes inmersos en un procedimiento monitorio, o que estén pensando en iniciarlo, y que espero les sea de ayuda. Es la primera de varias guías que vamos a publicar en bussola sobre los principales procedimientos judiciales civiles en España, con respuesta a las preguntas más frecuentes que se les plantean a los clientes. En estas guías procuraremos utilizar un lenguaje menos técnico-jurídico para una mayor comprensión por parte del lector.

Para descargar la guía en pdf pinche aquí o en la siguiente imagen:

20150724_Guía proceso monitorio

Imagen cabecera: Por finance en http://mrg.bz/Onl9Ob