Para Yoshido la barrera del parking se abrirá sin necesidad de mostrar credencial ni de esperas. El coche ha enviado la señal de llegada. En el acceso al edificio mostrará su iris a la cámara y el arco reconocerá su olor personal. Cuando llegue a su despacho le estará esperando el café en su mesa, justo a su gusto tal cual lo pidió, a cargo de la empresa, a través de la última app descargada en el coche. En una gran pantalla de grafeno se le mostrará el tiempo que hará ese día, su agenda (incluida la cita con el cardiólogo, solicitada automáticamente por su reloj esa misma mañana, tras los análisis de colesterol detectados con la última i-Pill ingerida) y los mensajes recibidos. Entre éstos, dos documentos rutinarios, pero de vital importancia en este mes de septiembre para afrontar la próxima Navidad: el informe de rentabilidad y actividad semanal de los empleados (ese que se genera de forma automática, con el cruce de datos del sistema de vídeo-vigilancia, monitorización, geolocalización y análisis de huella digital online), y la propuesta de modificaciones sobre el plan de comunicación, efectuada por el departamento de marketing, tras los últimos datos arrojados por el análisis del comportamiento online y offline de los consumidores.

¿Japón 2024? Bueno, vale, igual no es algo que suceda ya mismo en todas las empresas, pero no me negarán que hablar hoy en día de wearables, big data, cloud computing, drones, IoT, etc. no es precisamente hablar de cosas del futuro. Y cada uno de estos conceptos tiene su acogida en el ámbito empresarial, siendo incalculable el potencial beneficio que arrojaría su implementación (y quizá incalculables las pérdidas para aquellos que no se “suban al tren”).

La vídeo-vigilancia, los controles de acceso, programas de whistleblowing, los sistemas de autenticación, etc. aumentarán la protección y seguridad de la compañía, tanto de su personal como de sus instalaciones y su información y facilitarán el cumplimiento de normas en materia penal y fiscal. La monitorización, la geolocalización y el análisis de la huella digital online de nuestros empleados pueden aportar a la organización valiosísima información que, por ejemplo, le permitiría optimizar procesos, mejorar hábitos empresariales y supervisar, e incluso aumentar, el grado de satisfacción de los trabajadores y de su fidelidad para con la compañía. Bucear en las redes sociales de los candidatos a un puesto, como una fase más dentro de un proceso de selección, facilitará al departamento de recursos humanos la elección e incluso podría producir relaciones laborales en mejor sintonía.

Bussola Abogados TIC Abogado Digital Lawyer Empresas tecnologíaRespecto a nuestros clientes, la instalación de cámaras espía en los maniquís y columnas de nuestras tiendas, así como el big data, nos posibilitaría conocer sus hábitos de compra y sus preferencias, de modo que podríamos evolucionar en el desarrollo de nuestros productos, o líneas de negocio, para que resulten más atractivos a la mayoría de los potenciales clientes y conseguir así aumentar nuestras ventas. O dependiendo de cuál sea nuestro negocio, nos permitirá conocer si estamos ante un buen cliente o no y, por tanto, si conviene o no cerrar con él una determinada operación (por ejemplo, algoritmos que analizan nuestras redes sociales y emiten diagnósticos sobre riesgo crediticio). Las comunidades virtuales y el cloud computing pueden suponer una gran flexibilización en el trabajo, una mayor racionalización del gasto y una fidelización de nuestros clientes, gracias a un mejor servicio hacia ellos y una atención más personalizada.

Ahora bien, a nadie le escapará que manejar información personal y/o confidencial por medio de las tecnologías que venimos comentando puede y debe tener sus implicaciones legales. Desde un punto de vista legal, el avance de la tecnología ha de ser acogido en cualquier organización poniendo especial atención de un lado, al modo en que su posible implementación pueda afectar a los derechos de terceros, y de otro, a los riesgos derivados de un uso inadecuado o del uso de tecnologías sin el conocimiento y/o consentimiento de la empresa (shadow IT).

Es aquí donde se plantea uno de los más importantes retos legales para las empresas de nuestros días, alcanzar el equilibrio entre los intereses en juego en el uso de estas nuevas tecnologías, ser capaces de innovar respetando el derecho a la intimidad y a la privacidad de todos los posibles afectados, salvaguardando la seguridad de nuestra información. Y todo ello además, hacerlo cumpliendo con el régimen legal sobre responsabilidad penal de las personas jurídicas, contemplado en nuestro recién reformado Código Penal, y que entrará en vigor el próximo 1 de julio de 2015.

Esto va a exigir a las organizaciones establecer las siguientes medidas en concordancia con su actividad, estructura y desarrollo:

– Elaborar sistemas adecuados de análisis y gestión de los riesgos legales en relación con el uso de las tecnologías.

– Aprobar protocolos y políticas de uso que resulten eficaces.

– Instar al cumplimiento efectivo de dichos protocolos y políticas de uso de modo que no queden en meras declaraciones sin supervisión posterior sobre su real ejecución.

– Llevar a cabo un plan de control, actualización, recuerdo y refuerzo sobre las indicadas políticas de uso.

– Disponer de programas de información y formación periódica para su personal.

– Adoptar y/o reforzar las medidas de seguridad que resulten necesarias.

Identificar los tipos de delitos que puedan cometerse en el desarrollo de su actividad y arbitrar medidas de vigilancia y control para prevenirlos.

– Valerse de un registro probatorio que demuestre el cumplimiento de cada uno de los puntos anteriores.

En definitiva lo que viene siendo el “compliance”.

Finalmente, desde un punto de vista financiero, deberán dotarse de partidas presupuestarias suficientes para llevar a cabo las medidas indicadas, así como en previsión de posibles indemnizaciones derivadas de su incumplimiento.

Sea como sea, se trata de cuestiones que las empresas han de empezar a afrontar, con serenidad pero con seriedad y a fondo, si no lo han hecho ya, pues las consecuencias de no hacerlo pueden traducirse en condenas penales, así como en altos costes económicos y reputacionales.

Artículo colaboracion para la revista "IT Users", Nº de mayo 2015.
Imagen cabecera: Flavio Takemoto
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